Cómo ayudar a un inmigrante

Inmigrantes, porque ayudarlos en nuestra casa es la mejor manera de ayudarlos en su casa.

Hoy el debate está polarizado entre a favor y en contra de los inmigrantes.

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En esta situación es fácil armarse con consignas como “Ayudémosles en casa”, el único mantra que parece unir a todas las principales fuerzas políticas del país. Sin embargo, como siempre, la verdad está en el medio: para ayudarlos en casa, primero debemos incluirlos en el mejor de los casos en nuestra casa. De hecho, hay pruebas que demuestran que, por una parte, el dinero enviado a casa por los inmigrantes genera más valor socioeconómico que la ayuda al desarrollo de todos los países del mundo; por otra, está claro que los inmigrantes producen riqueza y desarrollo no sólo para los países de origen, sino también para los países de acogida, con el fin de apoyar el sistema de pensiones e influir en el futuro.

Si bien el fenómeno de la migración es intrínseco a la historia humana y ha marcado la evolución de la sociedad contemporánea, su impacto en la percepción pública ha aumentado considerablemente en los últimos años. Por un lado, para el crecimiento efectivo de los flujos, determinados por la inestabilidad climática y política de varios territorios de Oriente Medio y África, situación vinculada a la acción más y menos reciente de los gobiernos occidentales en esas zonas. Por otro lado, por el incesante bombardeo mediático, tan imponente que crea una brecha entre la percepción y la realidad y hace que el “terrorismo islámico”, por ejemplo, se convierta en una de las primeras causas de muerte en el mundo.

Como demuestran diversas fuentes, los inmigrantes en nuestros territorios contribuyen más al desarrollo socioeconómico de sus países que cualquier otro país del mundo en términos de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). En 2010, los migrantes africanos enviaron a casa 52.000 millones de dólares, mientras que todos los países del mundo invirtieron 43.000 millones de dólares en ayuda para África. En 2012, las remesas globales de los emigrantes triplicaron el valor de la ayuda internacional para los países en “desarrollo”. En 2016, alcanzaron los 600.000 millones de dólares, de los cuales más de dos tercios se destinaron a países pobres o emergentes. A modo de comparación con nuestro compromiso humanitario: en los últimos seis años, la ayuda española a los países del África subsahariana ha disminuido en un 51% y sólo en 2015 las remesas de los emigrantes africanos presentes en España ascendieron a 851 millones de euros, un 72% más que nuestra ayuda al desarrollo en el continente.

Además de la mera comparación cuantitativa, la diferencia sustancial entre las remesas y la ayuda radica en la distribución de la riqueza. En el primer caso, de hecho, el dinero va directamente a las familias y a las pequeñas y medianas empresas, lo que tiene un impacto inmediato en la economía real, mientras que en el caso de la ayuda internacional, los recursos a menudo terminan en las arcas de gobiernos dictatoriales y corruptos. Un caso interesante es el de Marruecos, donde a pesar de varios problemas críticos entre 1975 y 1998, las remesas constituyeron el 6,5% del PIB, contribuyendo al desarrollo del sistema bancario, la infraestructura y la economía local, y generando una migración de retorno.

Al cambiar el enfoque hacia el impacto de los inmigrantes en nuestro sistema, los beneficios son integrales. Desde un punto de vista económico, sólo en España, la mano de obra extranjera vale ocho mil millones de euros en contribuciones y paga las pensiones de 620.000 españoles. No se trata de empleos “robados”, sino de un 40% de empleos que la mayoría de los españoles no están dispuestos a realizar (porque son “demasiado humildes y están mal pagados”, como describe Concord Europa).

Por último, el impacto social: Más de una quinta parte de la población tiene más de 65 años y el crecimiento demográfico está por debajo de cero desde 2015, muchos territorios están despoblados y los servicios públicos están cerrando. En estas condiciones, la inmigración, puede representar una importante fuente de regeneración vital. Incluso en términos de seguridad, a pesar de que los migrantes se han duplicado en los últimos años, los delitos están disminuyendo, al igual que los informes en su contra.

Esta evidencia, en sí misma, debería ser suficiente para dejar claro que la promoción de políticas de inclusión más eficaces es la clave para estimular el desarrollo socioeconómico tanto de los países de origen como de los países de acogida.

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