Cómo ayudar a una persona celosa

¿Quién no ha experimentado nunca el terrible dolor de sentirse rechazado por el otro y de sentir que los celos se elevan?.Tan pronto como lo sientes, esta angustia te hace querer tirar todo por la borda. Entonces, con la mente fría, uno se pregunta: “¿Qué me ha pasado? La respuesta es diferente para cada uno de nosotros porque los celos son un sentimiento muy complejo y a menudo ocultan frustraciones y deseos que son infalibles incluso para nosotros mismos.

De todos los sentimientos, probablemente es lo que más nos ocultamos a nosotros mismos y a los demás.

Pero si se hace frecuente, tocando la obsesión, debemos hacer algo para no arruinar nuestras vidas y las de nuestros seres queridos.

Las vacaciones a menudo riman con una crisis de celos, ¿por qué?

Porque en verano hay más oportunidades para salir, sales con más gente, estás más desnudo, la seducción del cuerpo descubierto puede poner a prueba incluso a los más reservados y rígidos,pueden bajar los inhibidores de los frenos y aquí ya no te sientes tan sólido e inexpugnable, temes que una tercera persona te pueda arrebatar a nuestro ser querido, te sientes en peligro, amenazado.

¿Qué son los celos: un sentimiento o una enfermedad?

Los celos son un sentimiento provocado por la idea de poder perder al ser querido en cualquier momento y ser abandonado y que hace que quienes lo viven experimenten el miedo a la separación, el miedo a no tener a nadie que lo cuide y la envidia por las características del otro, todo ello generado por el pensamiento básico de que la pareja es una propiedad exclusiva.

Los celos “sanos” alcanzan niveles aceptables y hacen que el otro se sienta considerado, reconocido, amado y, en pequeñas dosis, le da vida, refuerza la intimidad de la relación y se basa en una relación de reciprocidad: yo te amo y confío en ti, tú me amas y tú confías en mí.

Los celos, en cambio, se vuelven patológicos cuando se activan incluso en ausencia de un acontecimiento real, inventando una realidad inexistente y construyendo, en una especie de delirio, escenarios de personas, situaciones y lugares casi imaginarios. Los celos patológicos viven en un estado continuo de sospecha, control, miedo irracional que conduce a la ansiedad y la disminución de la autoestima.

¿Son los celos el temor a estar solos?

Los celos, si no se manejan adecuadamente, son lo que nos advierte que estamos entrando en la dimensión de la dependencia emocional dominada por el miedo abrumador de estar solos. Este miedo violento hace que el adicto celoso/afectivo se comporte de forma exagerada en el control de la pareja que lo hace sentir perseguido y, para escapar en busca de una mayor ligereza, se arriesgan a asegurarse de que realmente lleva a cabo la traición.

Celos: cómo salir de este círculo vicioso

Hay maneras de aprender a mantener a raya los aspectos perturbadores de los celos, sin dejar de respetar tu propia forma de ser:

Para los celosos

Usar comportamientos menos destructivos como, por ejemplo, pasar de la sospecha de un comportamiento similar al delirio a pedir explicaciones apropiadas.

Explique a su pareja sus miedos, sus dificultades, sin atacar y con un lenguaje que ponga al otro en una condición de apertura y no de cierre defensivo.

Aceptar, como una verdadera fuente de enriquecimiento personal, que la pareja puede interactuar con otras personas y tener intereses diferentes a los suyos.

Para los que sufren de celos

Escuche los temores de su pareja con disponibilidad

Modificar los comportamientos que más activan los celos, como las actitudes seductoras, y hacer que el otro se sienta comprendido.

Evite descuidar a su ser querido en presencia de otros

Cuando, a pesar de estas precauciones, la situación permanece inalterable, o si no se pueden poner en práctica, es bueno buscar un psicoterapeuta que apoye a la pareja en la resolución de las escenas atávicas y que ayude a cada miembro de la pareja a comprender y respetar las fragilidades del otro, fortaleciendo la confianza mutua.

Estar celoso de todos: ¿qué hacer?

A menudo uno comete el error de confrontar a otros y creer que sus vidas son siempre mejores que las propias. Esta forma de pensar casi siempre deriva no de un conocimiento real de la situación, sino sólo de fantasías no relacionadas con algo real.

Si nos fijamos en cómo son las cosas en realidad, sin juicios precipitados, podemos ver cómo todas las personas pasan por momentos más o menos difíciles en sus vidas, incluso aquellos que parecen no tener problemas, tristezas o dificultades.

La diferencia está en el hecho de que estos últimos han aprendido a no hacer comparaciones y a luchar sus batallas con energía. Así que, para salir de esto, tienen que dejar de confrontarse.

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